Durante años, miles de mujeres con endometriosis han escuchado una frase que se repite en diferentes consultas médicas:
“La resonancia está normal.”

Sin embargo, el dolor persiste.
El sangrado anormal continúa.
La fatiga y la inflamación siguen afectando la vida cotidiana.

Recientemente, un análisis sobre la práctica radiológica en endometriosis reveló un dato preocupante: casi la mitad de los radiólogos reconoce no estar bien formada para interpretar resonancias magnéticas en esta enfermedad, y el 75 % afirma no haber recibido formación específica. Además, uno de cada cuatro no utiliza protocolos específicos para estudiar endometriosis en resonancia magnética.

Aunque estos datos provienen de España, reflejan una realidad que las pacientes de muchos países —incluido Colombia— han experimentado durante décadas.

La resonancia magnética: una herramienta poderosa, pero compleja

La resonancia magnética (RM) es una herramienta fundamental para el diagnóstico y el mapeo de la endometriosis, especialmente cuando se sospecha endometriosis profunda o compromiso de órganos pélvicos.

Sin embargo, interpretar estas imágenes no es sencillo.

La endometriosis puede manifestarse de múltiples maneras:

  • implantes pequeños

  • nódulos fibrosos

  • adherencias

  • infiltración en ligamentos, intestino, vejiga o nervios

La anatomía de la pelvis femenina es compleja y la enfermedad puede aparecer en múltiples localizaciones al mismo tiempo. Detectarla requiere formación específica, experiencia clínica y protocolos adecuados de imagen.

Cuando estos elementos faltan, las lesiones pueden pasar desapercibidas.

Y cuando una lesión no se ve, muchas veces el dolor de la paciente también se pone en duda.

Cuando la radiología se convierte en otra barrera

Desde la experiencia acumulada durante más de una década de trabajo de la Asociación Colombiana de Endometriosis e Infertilidad (ASOCOEN), las historias de las pacientes muestran un patrón recurrente.

Muchas mujeres han pasado por:

  • múltiples resonancias o ecografías “normales”

  • informes radiológicos poco detallados

  • ausencia de mapeo de endometriosis profunda

  • interpretaciones que no reconocen lesiones características

En algunos casos, la enfermedad solo se confirma años después durante una cirugía.

Este fenómeno contribuye al retraso diagnóstico, que en diversos estudios internacionales puede llegar a 8–10 años desde el inicio de los síntomas.

Para una paciente, esos años significan:

  • dolor crónico normalizado

  • deterioro de la salud mental

  • dificultades laborales o académicas

  • infertilidad no diagnosticada

  • múltiples tratamientos ineficaces

En otras palabras: tiempo de vida perdido.

Un problema que no es solo técnico

La falta de formación en radiología de endometriosis no es simplemente un problema académico.

Es un problema estructural del sistema de salud.

Los estudios también muestran que muchos hospitales no cuentan con:

  • protocolos estandarizados de resonancia para endometriosis

  • informes radiológicos estructurados

  • equipos multidisciplinarios especializados en la enfermedad

Sin estos elementos, la atención se fragmenta y la paciente queda atrapada en un recorrido médico largo y desgastante.

Lo que las pacientes han aprendido antes que la medicina

Paradójicamente, muchas pacientes con endometriosis desarrollan una capacidad que la medicina todavía está construyendo: reconocer los signos de la enfermedad en su propio cuerpo.

Las mujeres saben que:

  • el dolor menstrual incapacitante no es normal

  • el dolor al tener relaciones sexuales no es normal

  • el dolor al evacuar o al orinar durante la menstruación no es normal

  • el sangrado abundante o prolongado tampoco lo es

Pero durante años estos síntomas fueron minimizados o interpretados como “parte de ser mujer”.

Por eso, cuando una resonancia no muestra lesiones, muchas pacientes ya saben lo que la experiencia les ha enseñado:

la ausencia de evidencia en una imagen no siempre significa ausencia de enfermedad.

El camino hacia una medicina que escuche y vea mejor

La buena noticia es que la conciencia sobre la endometriosis está creciendo.

Cada vez más especialistas reconocen la necesidad de:

  • formación específica en imagen de endometriosis

  • protocolos estandarizados de resonancia

  • informes radiológicos detallados

  • unidades multidisciplinarias especializadas

Y, sobre todo, escuchar la experiencia de las pacientes como parte del proceso diagnóstico.

La endometriosis no es una enfermedad rara.
Afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres en edad reproductiva.

Sin embargo, durante demasiado tiempo ha sido invisible.

La voz de las pacientes también es conocimiento

Desde ASOCOEN hemos aprendido algo fundamental en más de diez años acompañando a mujeres con endometriosis:

La experiencia colectiva de las pacientes también produce conocimiento.Las historias compartidas en comunidades, grupos de apoyo y estudios observacionales han permitido identificar patrones que hoy la ciencia comienza a documentar con mayor claridad.Por eso creemos que el futuro del diagnóstico de la endometriosis no depende solo de la tecnología.

Depende también de algo más profundo:reconocer que el cuerpo de las mujeres merece ser escuchado con la misma atención con la que se observa una resonancia.

Porque cuando la medicina aprende a escuchar, las imágenes finalmente empiezan a mostrar lo que durante años estuvo oculto.

fuente: https://www.larazon.es/ –  Asociación Colombiana de endometriosis e infertilidad-ASOCOEN