Situación actual de natalidad en Colombia
Nacimientos absolutos
En 2024, Colombia registró 445.011 nacimientos, lo que marca el primer año en que este número cae por debajo de los 500.000 nacimientos, desde que el DANE lleva registros sistemáticos.
Esa cifra de 2024 representa una reducción de 13,7 % en comparación con el año anterior (2023).
Ya en 2023 se había observado una caída significativa: los nacimientos cayeron aproximadamente 10,1 % frente a 2022.
Tasa general de fecundidad
La tasa general de fecundidad (nacidos vivos por cada 1.000 mujeres de 15 a 49 años) ha estado bajando desde al menos 2018, con una pendiente más pronunciada en los últimos tres años.
En 2024 (preliminar), esa tasa es de 32,0 nacimientos vivos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 49 años.
En comparación con 2015, hay una reducción de más o menos 21,3 nacidos vivos por cada 1.000 mujeres de ese grupo (es decir, la tasa ha bajado bastante).
Nacimientos absolutos en Colombia (2015–2024)

Tendencias por grupos de edad
La fecundidad entre adolescentes (15-19 años) ha caído de forma muy marcada: una disminución de 51,1 % en la última década.
También se han visto reducciones en la fecundidad específica en otros grupos de edad más avanzados, aunque menores en magnitud: los grupos entre 35-54 años presentan descensos entre aproximadamente 26,7 % y 36,2 % respecto a valores anteriores.
Tasas específicas de fecundidad por grupo de edad (2015 vs 2024, datos simulados)

Tasa de hijos por mujer (Tasa de reemplazo)
La tasa global de fecundidad en Colombia se ha acercado o caído por debajo del nivel de reemplazo (que usualmente está alrededor de 2,1 hijos por mujer en muchas poblaciones, para mantener estable la población sin migración). Varios departamentos tienen ahora tasas promedio de hijos por mujer de 1,1 a 1,2.
Por ejemplo, regiones como Bogotá, Caldas, Nariño, Cundinamarca, Quindío y Valle del Cauca registran tasas de 0,9-1,0 hijos por mujer según datos recientes.
Tasa general de fecundidad (2015–2024)

Otras observaciones importantes
Se observa un retraso en la maternidad: las mujeres tienden a tener hijos a edades más avanzadas que antes.
Todos los departamentos han registrado disminuciones en sus cifras de nacimientos: no es un fenómeno aislado de unas pocas regiones.
En Bogotá, por ejemplo, también hay descenso claro: la natalidad en la ciudad ha venido bajando de forma sostenida.
La evidencia estadística muestra que Colombia está viviendo un descenso demográfico bastante marcado:
Menos nacimientos absolutos cada año, llegando a un mínimo histórico de 445.011 nacimientos en 2024.
Tasa de fecundidad general que ha disminuido sustancialmente, y muy por debajo del nivel necesario para sustituir generaciones, si no hay migración que la compense.
Caídas pronunciadas en la fecundidad adolescente, pero también en mujeres de otras edades.
Retraso en la maternidad, y un cambio de comportamientos reproductivos.
Este fenómeno tiene implicancias importantes: población envejecida, menor fuerza laboral futura, presiones en los sistemas de pensiones, salud, educación, entre otros.
Tasas de fecundidad por departamento (simulado)

Análisis: Baja natalidad y mujeres con endometriosis y patologías uterinas crónicas
La disminución sostenida de la natalidad en Colombia no solo responde a factores sociales, económicos y culturales, sino también a realidades de salud que afectan de manera directa a miles de mujeres en edad fértil. Entre ellas, las pacientes con endometriosis, adenomiosis, miomatosis y síndrome de ovario poliquístico (SOP) enfrentan desafíos adicionales:
Retraso en el diagnóstico: En Colombia, el tiempo promedio de diagnóstico de la endometriosis puede superar los 7 a 10 años, lo cual implica que muchas mujeres transiten largos periodos con dolor incapacitante, inflamación pélvica crónica e infertilidad sin tratamiento adecuado.
Impacto en la fertilidad: Entre un 30 % y 50 % de las mujeres con endometriosis presentan problemas para concebir, lo que influye directamente en las cifras de natalidad.
Carga económica y emocional: Los altos costos de tratamientos médicos, cirugías, medicamentos, terapias complementarias y la falta de cobertura integral en el sistema de salud limitan el acceso de las mujeres a un manejo oportuno.
Determinantes sociales: Muchas mujeres retrasan la maternidad por condiciones laborales precarias, falta de acceso a servicios de salud especializados y ausencia de políticas públicas que garanticen atención temprana en salud ginecológica.
La crisis de natalidad en Colombia es también una oportunidad para repensar la importancia de la salud menstrual y ginecológica como un asunto de salud pública. Las enfermedades uterinas crónicas no deben ser vistas únicamente desde la infertilidad, sino desde la dignidad, el bienestar integral y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Detección temprana:
Si existieran protocolos de diagnóstico oportuno para la endometriosis y otras patologías uterinas en los primeros niveles de atención, se reduciría el dolor crónico, se preservaría mejor la fertilidad y se garantizaría una mejor calidad de vida.Educación menstrual:
La pedagogía menstrual en colegios, universidades y comunidades empodera a niñas y jóvenes para identificar síntomas que no son “normales” (dolor incapacitante, sangrados abundantes, ciclos irregulares) y buscar atención médica sin miedo ni estigmas.Derechos sexuales y reproductivos:
La salud menstrual debe integrarse en la agenda de derechos humanos. Socializar y garantizar los derechos sexuales y reproductivos implica:Acceso a información clara y científica.
Acceso a servicios de salud especializados y de calidad.
Garantías laborales y educativas para mujeres que viven con estas patologías.
Reconocimiento de la infertilidad como una condición que merece acompañamiento y cobertura en salud.
La caída de la natalidad en Colombia no puede analizarse de manera aislada a la realidad de miles de mujeres con diagnósticos ginecológicos crónicos. El futuro demográfico del país requiere que la detección temprana, la educación menstrual y la garantía de derechos sexuales y reproductivos se conviertan en pilares de política pública.
Cuidar la salud menstrual no solo es una apuesta por la dignidad de las mujeres, sino también por el futuro social, económico y poblacional de Colombia.
