Investigadores de la Universidad de Oxford, en colaboración con 25 equipos de todo el mundo, han publicado el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre las bases genéticas de la endometriosis.
El análisis, publicado en la revista Nature Genetics, incluyó el ADN de 60.600 mujeres con endometriosis y 701.900 sin endometriosis. Reveló pruebas convincentes de la existencia de una base genética compartida para esta enfermedad y otros tipos de dolor aparentemente no relacionados con ella, como la migraña, el dolor de espalda y el dolor multisistémico.
La investigación también ha revelado que la endometriosis ovárica tiene una base genética distinta a la de otras manifestaciones de la enfermedad. Los resultados abren nuevas vías para el diseño de tratamientos médicos innovadores dirigidos a subtipos de endometriosis, o incluso para diseñar nuevas estrategias terapéuticas a partir de tratamientos del dolor ya existentes para esta patología.
La endometriosis tiene enormes repercusiones en la calidad de vida de la mujer. Esta grave afección inflamatoria que afecta al 5-10% de las mujeres en edad reproductiva (190 millones en todo el mundo) puede causar dolor pélvico constante e intenso, fatiga, depresión, ansiedad e infertilidad. Se caracteriza por la presencia de tejido parecido al revestimiento uterino (endometrio) fuera del útero. Por lo general, estos depósitos endometriósicos se localizan principalmente en órganos dentro de la pelvis —por ejemplo, ovarios, superficies pélvicas y ligamentos, intestino o vejiga—, aunque más raramente pueden encontrarse también fuera de la pelvis.
Su enorme impacto en la salud de muchas mujeres se ve agravado por el hecho de que la endometriosis sólo puede diagnosticarse de forma fiable mediante cirugía —a veces mediante diagnóstico por imagen—, y suele tardar mucho tiempo en detectarse, con una media de ocho años desde los primeros síntomas, según se explica desde la Universidad de Oxford. A menudo, el abordaje se limita a cirugías repetidas y a tratamientos hormonales con muchos efectos secundarios, entre los que se incluye la dificultad de las mujeres embarazadas para quedarse embarazadas.

Mediante el mayor estudio genético realizado hasta la fecha, los investigadores descubrieron 42 áreas del genoma que albergan variantes que aumentan el riesgo de endometriosis. Al relacionar estas variantes con los perfiles de moléculas en el endometrio y la sangre, identificaron una serie de genes que se expresaban de forma diferente en estos tejidos y, por tanto, tenían un papel probable en el desarrollo de la enfermedad. Esta lista de genes es importante para seguir trabajando en el desarrollo de nuevos tratamientos mejor dirigidos a los subtipos de la enfermedad. Por ejemplo, descubrieron que algunas variantes genéticas estaban más asociadas a la endometriosis ovárica quística que a la enfermedad superficial diseminada por la pelvis.
Lo que observaron en particular es que muchos de los genes implicados desempeñan un papel en la percepción y el mantenimiento del dolor. De hecho, descubrieron que existía una base genética común para la endometriosis y otros tipos de dolor crónico, como la migraña, el dolor de espalda y el dolor multisistémico. Esto podría estar relacionado con la llamada sensibilización del sistema nervioso central, que hace que los individuos que sufren dolor crónico sean más propensos a otros tipos de dolor. Estos hallazgos abren la posibilidad de diseñar nuevos tratamientos no hormonales del dolor, o de adaptar los existentes, para la endometriosis.
“El uso de diferentes conjuntos de datos de mujeres con y sin endometriosis, algunos de los cuales contaban con información detalladas sin precedentes sobre los resultados quirúrgicos y la experiencia del dolor recopilados mediante criterios estandarizados, nos permitió generar un tesoro de información nueva sobre los subtipos de endometriosis y la experiencia del dolor impulsados genéticamente”, ha explicado la Dra. Nilufer Rahmioglu, investigadora científica principal del Centro Wellcome de Genética Humana de la Universidad de Oxford y primera autora del estudio.
Por su parte, la profesora Krina Zondervan, codirectora del Centro CaRe de Endometriosis y jefa del Departamento Nuffield de Salud de la Mujer y Reproductiva de la Universidad de Oxford, autora principal del artículo, ha comentado: “La endometriosis está reconocida actualmente como un importante problema de salud que afecta a la vida de las mujeres. En este estudio se analizó el ADN de más de 60.000 mujeres con endometriosis de todo el mundo, en una colaboración sin precedentes de 25 grupos académicos e industriales que aportaron sus datos y su tiempo. Ha aportado una gran cantidad de nuevos conocimientos sobre la genética subyacente a la endometriosis, que ayudarán a la comunidad investigadora en sus esfuerzos por idear nuevos tratamientos y, posiblemente, nuevas formas de diagnosticar la enfermedad que beneficien a millones de mujeres en todo el mundo”.

Referencia:
Rahmioglu, N., Mortlock, S., Ghiasi, M. et al. ‘The genetic basis of endometriosis and comorbidity with other pain and inflammatory conditions’. Nat Genet 55 , 423–436 (2023). https://doi.org/10.1038/s41588-023-01323-z
Fuente: Universidad de Oxford
