Se han identificado al menos 28 síntomas diferentes en los pacientes con depresión. De ellos el DSM, el manual diagnóstico de los trastornos mentales, tan solo incluye 15, dejando fuera 13 entre los que se cuentan la ansiedad, el pánico, la irritabilidad o la reactividad emocional.

La crítica principal es que sus criterios diagnósticos están al servicio de un enfoque medicamentoso como tratamiento base de la enfermedad, cuando por ejemplo en la depresión, ha sido demostrado que la terapia psicológica es tan efectiva o más que los antidepresivos, pero sin sus efectos secundarios.
Un conocido neurólogo que ha estudiado durante treinta años el efecto del gluten en el cerebro afirma que la inflamación está en la base de la enfermedad de Alzheimer. Y hace pocas semanas un estudio de la Universidad de Southampton en Reino Unido descubrió que, si se bloquea la inflamación del cerebro, se reducen los problemas de memoria derivados del Alzhéimer y se detiene el avance de esta enfermedad.

Una relación especial se ha observado con la cantidad de omega 3, que tiene un destacado efecto antinflamatorio, la proporción de fibra y, en el caso de la depresión, la cantidad de selenio en el agua y de licopenos en la alimentación, que actúan modificando los niveles de inflamación; desde el ejercicio hasta la vitamina D3 y el control del estrés, todos ellos amortiguan el efecto proinflamatorio del sistema inmune y regulan su correcto funcionamiento.

Los microorganismos beneficiosos que habitan el intestino actúan como moduladores del sistema inmune y la inflamación, aparte de constituir un estímulo hormonal de primer orden y también de la fabricación de neurotransmisores.

El 90% de la serotonina que usan nuestras neuronas, disminuida en la depresión, nace justamente en nuestro intestino, como fruto del estímulo de una flora bacteriana conservada.
Es decir, que es preciso cuidar la microbiota intestinal ya que está implicada por activa (neurotransmisores) y por pasiva (inflamación) en las causas de la alteración mental y muy en particular de la depresión.

El estado vitamínico deficitario más importante y prevalente en el mundo occidental es el de la vitamina D, lo cual se asocia a un amplio rango de enfermedades, desde la osteoporosis al cáncer, pasando por la depresión.

Fuente: Dr Tomás Alvaro de Cuerpomente

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